Nunca tan cerca del cielo
- beto barrionuevo
- 28 jul 2020
- 4 min de lectura
Hace ya tres años nacía algo intangible, casi indescriptible con palabras. De esas aventuras que brotan de algún comentario al pasar y queda grabado en el inconsciente. Alto Calilegua, Don Italo lo nombraba cada vez que visitaba su cabaña en San francisco. Finalmente armamos las mochilas y comenzamos a caminar.

Quiero estrenar este ciclo de blogs con las memorias de una travesía que marcó un antes y un después en mi vida juvenil. Esta apreciación puede estar subjetivada por ser la primer aventura de este calibre que encarábamos.
Hacia ya unos tres años que estaba viviendo en la ciudad de Córdoba y la falta de aire puro y aventura se hacían notar. Paralelamente comenzaba a conocer a dos de mis mejores amigos, a los cuales les hable de esta aventura que tenia en mente; caminar tres o cuatro días hacia un pueblo cerca de de San Francisco, Jujuy.
¿Que tenia de especial un pueblo para pensar en tan osada travesía? pues en primer lugar, el único acceso al pueblo era a pie o a caballo, y en segundo, que se encuentra a una altura sobre el nivel del mar superior a la nuboselva de las Yungas lo cual hace que ver las nubes desde arriba sea cosa de casi todos los días

Salimos a la madrugada desde Jujuy en camioneta hasta San francisco, en cuanto comenzó a amanecer pudimos ver los hermosos paisajes de las Yungas jujeñas.
Cerca de las 8:30 am comenzamos a caminar por un bosque nativo casi virgen. Transitamos por un especie de via crusis del lugar y llegamos a una vista panorámica de San Francisco, el primer tramo de caminata fue muy exigente, al rededor de 900 m de desnivel en menos de 10 km con todo el equipo a cuestas, pero al salir del bosque ya comenzábamos a ver como las nubes se formaban a nuestros pies y eso nos motivo bastante.

A medida que pasaban las horas el paisaje mejoraba, el sol comenzaba a caer y veíamos a lo lejos el destino. Nuestra idea era llegar ese mismo día al alto, que ilusos, pronto nos quedamos sin agua y se nos hizo la noche.

Vimos un rancho al lado del camino y fue decisión unánime hacer campamento ahí, cerca de una vertiente de agua fresca y al reparo del frío.
No teníamos idea de lo que estábamos por vivir.
Terminamos de armar las carpas e hidratarnos cuando de pronto se incendio el cielo, corrimos en dirección al acantilado, llegamos a unas rocas al final del rancho y sinceramente no creo encontrar las palabras para describirles lo que vimos.
A nuestros pies, un mar de nubes color turquesa sutil, al fondo los cerros y sobre ellos un cielo de un color anaranjado que se apagaba hacia un azul profundo. Desde el azul nacía el negro y en ese vacío brillaban las estrellas. Sinceramente pocas veces vi un paisaje tan hermoso.
Cenamos, hablamos de la vida y nos fuimos a dormir.

Al otro día temprano levantamos campamento y seguimos viaje. Nos dimos cuenta que haber querido llegar el dia anterior al alto hubiera sido al menos, una caminata agotadora y en la oscuridad.

Casi 5 horas después llegamos al famoso alto calilegua, un hermoso abrazo grupal nació al ver el cartel que indicaba el destino.
Nos albergaron en la escuela N° 130 donde estaban los alumnos (al ser una escuela rural los niños pasan unos 20 días en la institución y 10 en sus casas que suelen estar a varias horas de caminata). Esa tarde jugamos y reímos con ellos. Las maestras fueron increíblemente amables, nos sentimos como en casa. Dispusieron la cocina del lugar para nosotros así que aprovechamos y cocinamos un guiso de lentejas épico.
El día que nos toco volver, las nubes estaban bajas y la temperatura rondaba los 5°C. Nos sacamos una foto con la maestra y los niños y comenzamos a caminar.

No pasaron mas de 2 horas que nos comenzó a nevar, el paisaje era totalmente blanco y era difícil entrar en calor. Apuramos el paso y creo que hicimos la vuelta en unas 8 horas (el mismo recorrido que nos había llevado dos días).
Recuerdo el bosque nativo con la nieve y me recordaba a cualquier postal del sur del pais.

Creo que podría contar cada anécdota de este viaje pero se tornaría aburrido para ustedes, quiero que vivan su propio viaje y forjen sus propios recuerdos.
Un dato de color, nuestro guía fue "el negro", se lo ve en varias fotos, un perro de 18 años compañero de vida de mi amigo Italo, El negro falleció dos años despues, fue un honor haberlo conocido.
Como postdata voy a dejar algunas recomendaciones y agradecimientos.
En primer lugar a mis amigos que no solo hicieron este viaje posible sino que lo hicieron inolvidable. En segundo lugar a Italo Figueroa, quien nos cuido la camioneta tres dias y nos dio las indicaciones para llegar a destino.
Recomiendo ampliamente la posada ¨La esquina¨ en San Francisco, no solo porque es de Italo, sino porque su amabilidad y su capacidad de trasmitirte sus conocimientos es destacable. Hará de su estadía una experiencia inolvidable.
Respecto a la travesía voy a hacer recomendaciones respecto a la experiencia propia; en primer lugar es muy recomendable dormir en San Francisco y salir bien descansado y en las primeras horas del día para poder llegar Alto Calilegua en la misma jornada. También creo que seria mejor hacer la travesía entre Abril y Mayo donde los días son mas largos y no hace tanto frío.
Espero que les haya gustado, hasta la próxima




















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